Dentro de su ignorancia y sus prejuicios suponen que nuestra relación es superficial y hormonal.
Jamás han pensado en que exista un sentimiento o un afecto verdadero y he ahí su mayor error.
Al verte llorar hoy con más fuerza que ninguna de las otras veces que te había visto hacerlo, comprendí que realmente sentías algo por mí, que todo era más que un juego. Ese pensamiento me hizo enormemente feliz y fuerte, y me acerqué a ti para hacerte comprender lo mucho que te necesitaba y que por mucho que ellos quieran controlarnos, no podrán hacerlo. Soy feliz contigo y creo que tu también conmigo y es todo lo que importa. El resto a la chucha. Sus ideas idiotas no marcan una diferencia en nuestras vidas o en la de nuestros amigos y mientras estemos bien y junto a ellos, el resto importa un carajo.
Debes entender que no tengo porque perdonarte. Nunca hiciste nada malo. Sabemos que no me usas ni me dañas.
Te quiero más que a muchas cosas en esta vida y quizás es triste que tenga que ser de este modo, un poco furtivo y un poco incorrecto, pero al fin, siento que es hermoso y daría lo que fuera porque no acabara nunca.
Es extraño quererte tanto, siendo que te conocí hace tan poco.
Es extraño decirte abiertamente que te amo, sin mayores prejuicios ni complicaciones. A veces es mejor así. Es mejor decírtelo a la cara y que tu me respondas que no me amas y que lo amas a él. Es perfecto. A mí no me importa. He aprendido a vivir con eso. El tiempo que estoy contigo es excepcional y no necesito que me ames para ser feliz, no ahora. Quizás algún día algo pase y yo sea a ese a quien ames, pero no lo espero por lo pronto, ya sabes, te doy tres años para que estés con él.
Es extraño lo que tenemos. La gente nos confunde como novios, quizás tienen argumentos. Debo confesarte que cada vez que oigo eso algo me enciende un poco el corazón, por patético que suene. Me gusta salir contigo, conversar, abrazarte y tomar un helado, besarte y darte la mano porque es todo lo que yo podría esperar de una novia, es una relación preciosa que simplemente no lleva el ‘título’.
Es extraño saber qué tanto lo amas, me da miedo y felicidad a la vez. Miedo saber que quizás lo suyo no termine y me quede yo aquí parado como idiota, y felicidad que realmente tu sabes como amar y eres diferente al resto que he conocido…
Es extraño saber que el destino nos puso juntos. Destino y coincidencias, todo tiene una razón. ¿Por qué te conocí después de él? ¿Por qué nos llevamos tan bien? ¿Por qué parece que a veces te acercas y otras te alejas?
Es extraño sentir esto y no saber que sientes tú. A veces creo que provoco algo en tu corazón y a veces simplemente creo que soy un estorbo. Y sé que ninguna de las dos cosas me dirás.
Es extraño lo reconfortante que es estar contigo, a veces verte sonreír basta para alegrar el día… Tú que te ríes por ambos, tú que ayudas y tú que acompañas, tú que siempre estás ahí cuando te necesitan… Eres mi vida, mi inspiración, mi amanecer y mi anochecer, mi sol y mi luna y si pudiera dar algo para que lo nuestro fuera tan mutuo como yo quisiera, no lo pensaría dos veces.
Apareció un día, con actitud campante nunca nadie supuso que él se volvería su amante. Ella concentraba la atención, manipulaba al resto con suma pasión, pero en el fondo era débil y a veces su mente audaz se veía nublada por torbellinos de tristeza fugaz.
Siempre hermosa, más que cualquier otra, yo me pregunta como es posible que alguien prefiriera una modelo rubia y estúpida frente a la belleza incomparable de su juventud amable. Y de a poco me incrusté dentro de su vida entre fuerza y voluntad, resultó ser más de lo esperado, pues mi cuerpo y mi mente completamente jodida encontró en ella todo por lo que había luchado.
Vivimos tanto juntos, reímos y lloramos por igual y cuando todo alcanzaba la perfección yo la decepcioné y destruí todo lo que había de fraguar...
Nunca volvería a acercarse tanto, con tanta afección, y mi corazón que rebosaba felicidad se vió en tinieblas al ver reflejada la tristeza en la dama que amaba, a la cual sin intención de maldad y me cuestioné si yo era un estorbo, una maleza.
Fuí yo un pilar, o un simple juego mental? Me amaba ella, o sólo suplía yo su falta de amor? Y es que siempre volvía aquella esperanza fatal Para calmar mis penas, mi llanto y mi dolor.
La amo por sobre todas las cosas. Dejaría todo por ella, por su aroma a rosas... Pero por motivos desgraciadamente obvios Nunca habría yo de probar alguna vez sus labios.
Ella estaba aturdida. Se había despertado de la siesta que tomaba, probablemente por el ruido de los niños pequeños. Él se fijo de esto, y evitó que cayera en sueño nuevamente. Le habló de muchas estupideces, hasta que pareció recuperar la conciencia, y sacó de su billetera un papel bastante carreteado y sin más, como lanzándose al vacío, lo leyó, aquella tarde de primavera curiosamente fría. Decía así:
Conocí a la mujer perfecta. Me enamoré de ella. A veces ella parecía amarme también, con sus actitudes que estaban fuera de lugar. Una semana en especial pareció acercarse más de lo normal. Tenía problemas con su novio. Pretendía invitarla a salir ese fin de semana, pero él lo hizo primero y eso lo marcó en mi vida como un finde maldito. Después de eso se alejó, yo la sentí más lejos después de aquel fin de semana. Pero siempre volvía, de una manera u otra. Siempre estaba presente. Y ahora, en dos semanas ella se va para siempre. Si nuestros encuentros continúan, serán escasos. Jamás había amado tanto y tenía fe de que todo esto iba a terminar de una manera hermosa. Y es que el tiempo que gastaba con ella me hacía olvidar todo lo malo, todo lo que me dañaba, aún sabiendo que ella no siente lo mismo. Si ella me amara, podría hacer tanto más por ayudarla con sus problemas, con sus batallas internas… Si yo fuera aquel, todo sería tan perfecto…
Y continuó casi gritando, como si estuviera escuchando mentalmente el clímax de la segunda parte de la sinfonía del Exogénesis:
¡Porque para mí no hay bien más preciado ni hermoso que el tiempo con ella, que un abrazo, que una caricia en su regazo! ¡Y nunca podré olvidar todo lo que vivimos juntos, todas las idioteces, todas las sonrisas y los llantos, todas las tardes de hueveo y otras tantas de descanso! Todas las veces en las que yo me alejaba y sin embargo ella siempre, ¡Siempre aparecía detrás, diciendo algo, haciendo algo, siempre, por insignificante que fuera! Todas las maniobras y actitudes de amor puro que tuvo para conmigo… Y si pudiera hacer algo para mantener esta relación por el resto de la eternidad, por el resto de mis días, por el resto del tiempo del mundo como tal, ¡lo haría, aunque fuera la estupidez, la actitud más idiota del mundo, ninguna otra acción valdría mas que esa! Sin amigos, sin familia, sin destino ni lugar, pero el presente con ella, con la persona que más amo en este mundo, no habría nada más que pedir.
¿Qué te impide amarme? ¿Qué hace que yo no pueda ser tuyo? Mucho más ahora, que pareciera que amarme solo sería un cambio de ideas, porque tus sentimientos y actitudes siempre están conmigo, que aunque no quieras reconocerlos, que aunque quieras hacerte creer a ti misma que no existen, son los mismos que me hacen amarte cada día mas, aunque cada día esté mas lejos de ti.
Te amo y te amaré. Y que deseo más grande de escuchar un ‘yo también’.
Y al terminar de leerlo, él, con el pecho hinchado y las lágrimas en los ojos, se dejó caer y lloró. Lloró por todo. Todo lo que había sido, todo lo que había hecho, todo lo que había vivido, todo lo que había creído y todo lo que había imaginado.
Destrozado. En pedazos. Por fantasear con algo que se merecía pero que no le correspondía. Por fallar una vez más al elegir. Por ser ingenuo.
Lo que pasó después, y lo que hizo ella… Ni Dios lo sabe.