Me despierto, descubriendo que todo era un sueño.
Recuerdo la situación, vuelvo a la realidad. La realidad que no te incluye, y que lamentablemente nunca volverá a hacerlo. Mientras que me espabilo, aún en mi lecho de sueño, recobro la conciencia y me comienzo a preguntar por qué fue que nos separamos. Y para interrumpir mis pensamientos insanos, ahí está mi madre, gritándome, diciéndome que me levante, porque es tarde. Sólo porque es tarde.
Sí. Yo sé más que nadie que es tarde.
Tomo la toalla, medio dormido, y me voy al baño. Mientras me ducho, vuelve a mí alguna canción de Muse que recito para recordar algún momento bello contigo, como para seguir soñando despierto.
Como no salga con mis amigos o haga algo inusual en el día para distraerme, simplemente me dedico a programar, a escuchar música. A veces logro concentrarme y después me doy cuenta que ni importabas esos minutos. Sólo para que vuelvas a ser aún mas importante después.
Cometiste un error, el único del que no te arrepentiste ni pediste perdón. El único. Y el más grande. Aún dudo si piensas, si extrañas, si recuerdas. Me gustaría creer que sí… pero no puedo creer nada.
Y en la noche, luego de calmar un poco mi mente sobrecargada con estímulos visuales en una pequeña pantalla, miro a la luna. ¿Recuerdas que tú eras la luna? Yo recuerdo muy bien cuando me pediste que fuera tu sol. Estabas aturdida, adormecida… pensé que no lo recordarías. Pero ese se volvió mi apodo, Sol. Y es que cada vez que la luna aparece en mi ventana, yo creo que tu me recuerdas. Cada vez que suspiro sin querer, yo creo que justo como me enseñaste, tú estas pensando en mí.
Y hoy me fijo… El cambio está en mis manos. El legado se está haciendo escuchar.
El plan... acaba de entrar en su siguiente fase.